LA ELECCIÓN
 Los estragos del olvido
Opinión. Enrique Martínez y Morales.

Los estragos del olvido

Por: Editor 13 noviembre, 2022

Hace no muchas semanas los estados del norte de México pasaban las de Caín

debido a la terrible sequía por la que atravesamos, una de las peores en la

historia reciente del país. Zonas metropolitanas relevantes, como la de

Monterrey, quedaron prácticamente secas. Municipios urbanos y rurales de

Coahuila tuvieron que realizar acciones de racionamiento y tandeo para

suministrar cantidades mínimas de agua.

La emergencia, agudizada por la sequía presupuestal que sufren los estados

norteños y ante la desaparición de fondos federales como el Fonden, subió de

escala y llegó a ser el tema de atención prioritaria de la sociedad y los

gobiernos.

Afortunadamente el dios Tláloc fue generoso en septiembre y octubre. Las

presas se comenzaron a recargar, los mantos freáticos a estabilizar, las

entrañas de nuestra tierra a hidratar y los pozos recuperaron, si no todos, gran

parte de sus niveles previos al estiaje. Muy rápido nos olvidamos de la urgencia

de la contingencia y los temas hídricos pasaron a un tercer plano. Menciones

sobre proyectos de gran calado como el Monterrey VI, Agua Saludable para la

Laguna o el de desalinización del agua de mar, así como las opiniones y

aportaciones de técnicos y expertos, dejaron las primeras planas para

desaparecer del subconsciente colectivo.

Dice el dicho que nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido, pero

también es cierto que cuando lo recuperamos pronto se nos olvida su ausencia

y volveremos a valorarlo hasta que nuevamente la naturaleza nos lo vuelva a

regatear.

Durante las semanas álgidas de la seca la atención se centró en encontrar

nuevas fuentes de abastecimiento, dejando de lado la principal causa del

desabasto: las fugas. De estas existen dos tipos, las fugas generadas en la red,

por su desgaste a través de los años y por su obsolescencia; y las fugas que se

presentan en el interior de los domicilios por no racionar el consumo del agua.

Para reparar las primeras se requieren inversiones millonarias y complejas,

difíciles de ejecutar en el corto plazo. Para reparar las segundas es menos

complicado. Sí debemos seguir trabajando en fortalecer la cultura del agua y

hacer conciencia en el ciudadano de la imperiosidad de su cuidado, pero acudir

únicamente a su buena voluntad no es suficiente.

Se debe generar el incentivo correcto que en este caso es el económico. Nadie

cuida lo que no le cuesta y no se puede mejorar lo que no se mide. Por eso

cada casa, comercio e industria de este país debe contar con un equipo de

micromedición, y que el cobro que se realice por metro cúbico de agua refleje

el costo real de potabilizarla, conducirla, distribuirla y, sobre todo, de no

tenerla.

Que los usuarios contribuyan de manera adecuada en función de su consumo

al sostenimiento de los sistemas de administración del vital líquido genera un

utilizaremos el agua de manera óptima y estaremos listos para enfrentar la

próxima crisis hídrica que, con toda seguridad, tarde o temprano volverá a

llegar.

​

círculo virtuoso, porque con esos recursos se repararán las fugas en la red,

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