LA ELECCIÓN
 Desperdicio de talento
Nacional Opinión. Enrique Martínez y Morales.

Desperdicio de talento

Por: Enrique Martínez y Morales 3 octubre, 2022

Desde tiempo inmemorial el sexo femenino ha sido relegado de los negocios

circunscribiendo su rango de acción a las tareas domésticas y obligaciones

familiares, principalmente. Y aunque a partir de mediados del siglo pasado las

mujeres comenzaron a desempeñarse más en la empresa y en la política, su

participación sigue siendo aún limitada, lo que se convierte en un desperdicio

de talento que nos afecta a todos.

Hasta en países que se consideran avanzados en cuestiones de equidad de

género, como Estados Unidos, la diferencia sigue siendo abismal. A pesar de

que se ha demostrado que entre más mujeres laboran en una empresa mejores

son   sus   números,   en   nuestro   vecino   del   norte   solo   el   26%   de   las

vicepresidencias, el  14%  de  los asientos de los consejos  y el 4%  de  las

direcciones   generales   de   las   principales   corporaciones   corresponden   a

mujeres.

Son muchas las razones que hacen a las damas invaluables activos para la

empresa. Referiré algunas que presenta Judy Robinett en su libro “Cómo ser un

conector poderoso” y con las cuales coincido.

Los hombres construyen alianzas mientras las mujeres desarrollan relaciones,

más orientadas a lo afectivo que al interés, lo que genera lealtades. Los

hombres consolidan hacia adentro mientras las mujeres abren su perspectiva

hacia nuevos grupos.

Los   hombres   se   hacen   cargo   del   negocio   desde   una   perspectiva   fría   y

calculadora, mientras las mujeres toman en cuenta los detalles personales y la

inteligencia   emocional,   cualidades   ahora   muy   valoradas,   sobre   todo   con

clientes, proveedores y accionistas.

Los   hombres   promueven   la   creación   de   grupos   de   trabajo,   mientras   las

mujeres   crean   relaciones   colaborativas,   que   son   más   transversales,

adaptables, multidisciplinarias y basadas en los perfiles individuales y lazos de

amistad, con lo que se obtienen mejores resultados.

Los hombres son recompensados por promoverse a sí mismos, mientras las

mujeres por promover a los demás, por formar grupos efectivos y afectivos.

Esto, que en el pasado restaba valor a la mano de obra femenina, hoy es un

valioso activo para las empresas.

Los   hombres   cuentan   con   patrocinadores,   las   mujeres   con   mentores.   Un

patrocinador busca un beneficio a su inversión, mientras un mentor trata de

transmitir sus experiencias y conocimientos desinteresadamente. Por eso las

mujeres en  los negocios  son  más  transparentes,  honestas  y con  mejores

sentimientos.

Los   hombres   comercian   favores,   pensando   en   términos   transaccionales,

mientras las mujeres ayudan de corazón, sin esperar recibir nada a cambio, y a

la larga, esa actitud es la que mejores retornos refleja al negocio.

​

Como vemos, las cualidades femeninas que antes las alejaban de los negocios,

ahora son altamente valuadas. La participación de las mujeres en la vida

productiva   de   las   economías   no   solo   es   deseable   sino   necesaria   para   el

beneficio de toda la sociedad. No es posible que sigamos desperdiciando tanto

talento.

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