LA ELECCIÓN
 Momentos para siempre
Opinión. Enrique Martínez y Morales.

Momentos para siempre

Por: Redacción 28 mayo, 2023

Ahora que mi hija hizo su Primera Comunión no pude evitar recordar con

nostalgia el momento de la celebración de su primer sacramento. Para el

Bautizo la llevé en mis brazos a la iglesia, una hermosa criatura diminuta que

recibió el agua bendita en su frente y el Santo Crisma en el pecho. Ahora, casi

a la altura de mi hombro, camina sola rumbo al altar a recibir, por vez primera,

el cuerpo de Cristo.

¿En qué momento me creció mi pequeña? Entre su Bautizo y su Primera

Comunión pasaron nueve años que se me hicieron como nueve minutos. Siento

como si fuera ayer el día que la llevamos al kínder por primera vez; hoy, ya va

a la mitad de su educación primaria. Qué rápido pasa la vida cuando se trata

de las personas que amamos.

Por supuesto que los sentimientos son encontrados. Por un lado, la felicidad y

el orgullo de verla crecer, de compartir momentos especiales, de atestiguar su

desarrollo físico e intelectual, de admirar su inexorable transformación en

mujer. Pero, por el otro, la tristeza de estar consciente que cada día que pasa

se acerca el momento en que dejará el nido, la angustia de saber que se

enfrenará a un mundo cada vez más convulso y la impotencia de entender que

será muy difícil cambiarlo.

La violencia de género, especialmente contra la mujer, es un flagelo que sigue

azotando a la humanidad y en países como el nuestro, desgraciadamente,

sigue sin dar tregua. A quienes somos padres de niñas, la frecuencia de

noticias sobre feminicidios, violaciones y acoso sexual, entre otras, lejos de

normalizarse y quitarnos capacidad de asombro, nos exacerba, indigna y

preocupa.

El instinto protector que nos asigna la naturaleza a los padres para con

nuestros hijos, especialmente con las niñas, debe ser contenido con sabiduría,

encontrando un punto medio que no exponga a nuestros pequeños a riesgos,

pero evitando una sobreprotección que no los rete ni los enseñe a defenderse

por sí mismos. La tentación de intervenir muchas veces es grande, y en

ocasiones el hacer lo correcto nos deja con el corazón apachurrado, pero es

importante que no intervengamos en su desarrollo y los dejemos aprender

lecciones.

Después de mucho reflexionar sobre qué debo hacer como padre para cuidar a

mis hijos, a mi hija principalmente, sabiendo que no siempre estaré a su lado

para protegerla, creo que son varias cosas. Una es tratar de alejarla lo más

posible de las amenazas y riesgos que enfrentará allá afuera. Otra, sí educarla

en los valores que son deseables para nuestra sociedad, pero prepararla

también para enfrentar las circunstancias adversas.

Si todos como padres ponemos nuestro granito de arena podremos ser el factor

de cambio y convertir gradualmente al mundo en un lugar menos hostil y más

armonioso para nuestra decendencia.

El tiempo pasa volando. Mi bebita ya es una niña en proceso de convertirse en

mujer. Ya me di cuenta de que no puedo detener el reloj, pero lo que sí puedo

hacer es estar presente, disfrutarla al máximo y vivir intensamente cada

momento con ella. Esos momentos son los que quedarán para siempre.

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