LA ELECCIÓN
 La gran lección
Opinión. Enrique Martínez y Morales.

La gran lección

Por: Redacción 19 febrero, 2023

Confieso que no soy gran seguidor de los deportes. Los juegos televisados de

futbol soccer comienzan a llamar mi atención cuando comienza la liguilla y los

de americano cuando se acerca la fecha del Super Bowl, el cual suelo disfrutar

más como un pretexto para prender el asador y convivir con familia y amigos,

que por una genuina pasión deportiva.

Por el contrario, me interesan mucho las estadísticas que se generan en

eventos como ese, convertido en un gran laboratorio para el análisis de

acontecimientos económicos. Por ejemplo, saber que el minuto de tiempo aire

de comerciales se comercializó en 14 millones de dólares nos da una cifra del

máximo dispuesto a pagar por las empresas en campañas publicitarias; o

conocer que ese día los norteamericanos consumen el 15% de las

importaciones anuales de aguacate procedente de México, algo así como 130

mil toneladas, nos da una idea del potencial económico de esa fruta conocida

ya como el oro verde.

Este año lo que más llamó mi atención no fue algún fenómeno económico o

algún récord generado. Fue la actitud de uno de lo corredores de los Jefes de

Kansas. El partido había estado inusualmente parejo y reñido. Después de una

jugada de conversión, faltando 5 minutos para el final del juego, las Águilas

empataron a 35 puntos.

Ya cerca del área de anotación, Jerick McKinnon, corredor de los Jefes, recibió

el balón de manos del mariscal de campo, el célebre Patrick Mahomes, para

escabullirse entre la defensiva enemiga. Pero cuando estaba a punto de

anotar, con el camino completamente libre para hacerlo, sucedió algo insólito

que no entendí de momento: se tiró al suelo una yarda antes de llegar a la

meta.

Después comprendí la estrategia. Al reloj todavía le quedaba más de un minuto

y si hubiera anotado en ese momento, el equipo adversario hubiera tenido

tiempo suficiente para contratacar y anotar. Tenían el número de jugadas

necesarias para agotar el tiempo hasta dejarlo con escasos segundos,

insuficientes para una contraofensiva, y luego tratar de meter un gol de

campo, que a esa distancia sería pan comido para un pateador tan

experimentado como Harrison Butker.

Jerick McKinnon renunció a la gloria personal en aras de un bien mayor. Eso se

llama trabajo en equipo. Pudo haber anotado y pasar a la historia, pero hubiera

puesto en riesgo el campeonato de todos. Prefirió cederle el honor de

conseguir los puntos para el triunfo a alguien más y así aumentar radicalmente

las probabilidades de conseguirlo. Si todos siguiéramos el ejemplo de Jerick

McKinnon, no solo en la cancha sino en la vida, el mundo sería un lugar más

amable y justo para todos. Gran lección la que aprendimos el domingo.

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