LA ELECCIÓN
 El poder de la ambición
Opinión. Enrique Martínez y Morales.

El poder de la ambición

Por: Redacción 22 abril, 2024

Solemos asignarle al término “ambición” una connotación peyorativa. Con

frecuencia le colgamos a una persona el adjetivo de “ambiciosa” cuando

queremos resaltar sus pretensiones infinitas, sus aspiraciones ilimitadas y sus

ansias desmedidas. Creemos que ambición es sinónimo de avaricia y, por lo

tanto, se encuentra en el grupo de los antivalores.

No necesariamente es así. No imagino la fisionomía del mundo actual sin las

pretensiones infinitas de Alexander Fleming por combatir a los patógenos, las

aspiraciones ilimitadas de Cristóbal Colón por descubrir un nuevo mundo o las

ansias desmedidas de los hermanos Wright por volar y conquistar el espacio

aéreo.

Una ambición bien encauzada, dirigida y controlada puede ser una gran

herramienta en nuestro desarrollo profesional y personal. Para tal afecto y que

no se desvirtúe en algo negativo, la ambición tiene que cumplir con ciertos

requisitos:

Originalidad: la ambición tiene que ser genuina, no forzada o inventada por un

capricho. En este caso, como en otros, invocar a nuestro niño interior nos

ayudará a reencontrarnos con nuestras aspiraciones infantiles y sueños

juveniles que, adaptados a la realidad, pueden ser una guía muy útil.

Realista: la ambición debe ser retadora sí, pero no imposible. Los objetivos

fuera de alcance no hacen más que estresarnos en el proceso y deprimirnos en

el resultado.

Especificidad: las ambiciones no pueden ser ambiguas ni vagas, sino

específicas y puntuales, de otra forma no tendrán límites ni topes y serán una

fuente permanente de frustración e insatisfacción.

Persistencia: con los años perdemos consistencia y confianza, por lo que nos

hacemos menos tenaces. Debemos de entender que casi nada en el mundo

resiste a la persistencia de la energía humana. Si caemos hay que levantarnos

con más ganas. Si no fuera por la persistencia de Tomás Alva Edison, no

tuviéramos luz en nuestras casas.

Intensidad: para conseguir una ambición debemos desearla lo suficiente como

para realizar los sacrificios necesarios y no desfallecer. Decía Aníbal, el

legendario general de Cartago: “Encontré el camino o si no, lo haré”. La fuerza

que Muhammad Alí, Pelé o Tiger Woods le imprimieron a los esfuerzos para

conseguir sus metas los ha convertido en leyendas en sus respectivas

disciplinas deportivas.

Valentía: de niños somos muy intrépidos, pero con los años nos volvemos más

precavidos. Confundimos la prudencia con la timidez, la cautela con la

comodidad. No podemos esperar grandes cambios ni conseguir los objetivos

propuestos si no corremos los riegos. Para retomar la senda del arrojo, la

estrategia es hacerlo poco a poco, con pequeños ajustes diarios.

Así que seamos ambiciosos, no hay nada de indigno ni falto de moral en ello.

Claro, siempre y cuando actuemos dentro del marco de la ley, del respeto a los

demás y poniendo en práctica nuestros valores. El poder de la ambición bien

dirigido mueve montañas.

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