LA ELECCIÓN
 La primera fila
Opinión. Enrique Martínez y Morales.

La primera fila

Por: Redacción 22 enero, 2024

La primera fila siempre es la más cotizada. Bueno, no siempre. Es cierto que en

los conciertos o en el teatro los lugares de adelante suelen ser los más caros.

Los fans están dispuestos a pagar cifras sustancialmente superiores con tal de

estar cerca de su artista o actor predilecto. Lo mismo sucede en los aviones,

donde los pasajeros asumen un costo mucho mayor por el confort y el rápido

acceso a la aeronave.

Pero en el cine sucede lo contrario. Las filas delanteras son las últimas en

llenarse. Y es que la experiencia que ofrece la pantalla grande se aprecia y

disfruta mucho más desde los lugares de en medio. El valor que le demos a un

lugar, un bien o una actividad depende de la circunstancia, de su demanda, de

la perspectiva y, sobre todo, de la actitud.

De niño, una de mis películas favoritas era la de Las aventuras de Tom Swayer,

basada en la novela de Mark Twain del mismo nombre. Swayer es un niño de

12 años, travieso y muy inteligente. Un día su tía, con quien vivía, lo castigó

por participar en una pelea callejera. En lugar de salir con sus amigos a nadar

en el río tendría que pintar la enorme cerca frontal de su casa.

Estaba inmerso en la tediosa tarea cuando pasó por ahí Ben, un amigo de la

escuela, disfrutando de una jugosa manzana. Para molestarlo y atormentarlo le

preguntó si no iría a nadar al río. Tom pretendió no escucharlo y siguió

pintando, fingiendo concentración. La actitud de Swayer intrigó a Ben quien, a

pesar de ser también muy astuto, mordió irremediablemente el anzuelo.

¿En verdad estás más interesado en pintar una barda que en jugar con

nosotros? Le preguntó. Tom finalmente le hizo caso, sin dejar de mover la

brocha. Le dijo que lo que estaba haciendo era muy importante, que requería

de habilidades técnica que no todos poseían y, por lo tanto, su tía no se lo

confiaba a cualquiera. Además, pintar la cerca era una actividad que se realiza

solo una vez cada muchos años, mientras que bañarse en el río podría

realizarse cualquier día.

Ben te rogó a Tom que lo dejara pintar la cerca, quien solo accedió cuando

recibió la manzana a cambio. Pronto otros niños se acercaron quienes tuvieron

que intercambiar frutas y juguetes para poder mostrar sus habilidades con la

brocha. Al final del día Tom descansaba plácidamente en una sombra, con un

morral lleno de comida y objetos valiosos, mientras un ejército de niños

terminaba su trabajo.

Muchas de las cosas que nos ofrece la vida no son buenas ni malas. Todo

depende el cristal con que se miren. Es cierto que todos tenemos

predisposiciones distintas pero cuando utilizamos el optimismo como

estrategia la vida es más amable y aprendemos a convertir una experiencia

placentera el disfrutar de un concierto desde la última fila.

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